Los ecosistemas costeros y marinos directa o indirectamente ayudan a producir bienes y servicios valiosos, importantes para el hombre. Es por esto que una tarea crucial es identificar dichos bienes y servicios para determinar, por un lado, sus beneficios actuales y potenciales para la sociedad, y por el otro, los pasivos ambientales resultantes de los impactos por el uso de sus recursos, que se traducen en pasivos para toda la sociedad, perjudicando la sustentabilidad de los ecosistemas.
Los recursos naturales tienen alto valor, aunque estos valores muchas veces no están reflejados en los procesos de mercado. Pese a esto, muchos ecosistemas todavía se ven amenazados, y no se valoran económicamente los daños ambientales, internalizando las externalidades. Es fundamental desarrollar estudios de valoración socio – económica de los recursos marinos y costeros de la Argentina.
El principal beneficio de este enfoque es generar criterios económico-ambientales que apoyen a los tomadores de decisiones en la generación de políticas para el uso y manejo sostenible de los recursos naturales. Estos criterios se sustentan en principios éticos, culturales, socioeconómicos, ecológicos, institucionales, políticos y técnico-productivos.
De esta manera se evitaría utilizar solamente criterios de rentabilidad financiera en la evaluación de proyectos de inversión y en las actividades antrópicas existentes. Favoreciendo asimismo el análisis multicriterio que es una herramienta adecuada para tomar decisiones que incluyen conflictos sociales, económicos y objetivos de conservación, cuando además confluyen una pluralidad de escalas de medición (físicas, monetarias, cualitativas, etc.).
Es fundamental favorecer una calidad de vida de la población más relacionada con su heterogeneidad cultural, su diversidad de recursos naturales y sus tradiciones históricas, haciendo un uso sustentable, no sólo en función del mercado, sino también en función de la satisfacción de necesidades directas de dicha población.
La producción de petróleo en Argentina comenzó en 1907 con el descubrimiento de importantes yacimientos en Comodoro Rivadavia. Sin dudas dicha actividad es de gran importancia para la economía, impactando en la producción industrial y agrícola, en el consumo popular, entre otros sectores; de ahí que se tome a este recurso natural, y a muchos otros, como insumos estratégicos. Políticas económicas como la desregulación y privatización de los hidrocarburos en la Argentina convirtieron a este recurso estratégico en un commodity, condicionado casi exclusivamente por las leyes del mercado.
Debe ser un objetivo primordial aportar elementos de juicio y acciones para que el impacto de la actividad petrolera sea el mínimo posible, sumando esfuerzos a la conservación y uso sostenible de los recursos naturales, promoviendo la prevención y la optimización de las acciones contra potenciales derrames de hidrocarburos.
La alta productividad de las aguas de nuestra plataforma acarrea la concentración de distintas especies de peces, tiburones y rayas, importantes colonias de aves marinas costeras y aves pelágicas, mamíferos marinos, tanto cetáceos como pinnípedos, sitios de relevancia internacional para el descanso y alimentación de aves migratorias (Botto et al. 1998, 2000), áreas de concentración reproductiva de peces y crustáceos, praderas de algas, bancos submareales de moluscos, como la almeja Darina solenoides, presente con muy altas densidades en intermareales arenosos de Patagonia, conformando el principal recurso trófico de aves playeras migratorias (Bala et al., 2006).
Muchos de estos organismos marinos muestran desplazamientos regulares entre zonas costeras y oceánicas, y son de altísimo interés, actual y potencial, para diversas actividades sociales, culturales y económicas como el turismo y la pesca, dos actividades de relevancia para nuestro país.
Los ecosistemas acuáticos costeros son considerados como los ecosistemas más productivos del mundo (Day et al., 1989; Costanza et al., 1993; Barbier et al., 1996), desarrollándose en ellos procesos biogeoquímicos importantes para muchas especies de plantas y animales (Costanza op cit., 1993).
La zona costera, al estar en contacto con centros urbanos, posee una gran importancia socio-económica ya que alberga puertos comerciales y deportivos, áreas recreativas, canales de navegación, etc.
En cuanto a la actividad turística, la misma reviste una gran importancia para la mayoría de las ciudades costeras, y el ecoturismo y en especial el turismo de observación de cetáceos es de un enorme potencial. Otro interés en los recursos se vincula con la búsqueda de metabolitos bioactivos en organismos marinos (equinodermos, algas rojas y algas pardas), con características de biodiversidad interesantes con posibilidad de uso en la industria farmacéutica entre otras. Se ha incrementado también la utilización de recursos marinos en el saneamiento agroindustrial y en la descontaminación de aguas y suelos.
No es de extrañar entonces que a lo largo de nuestro litoral marítimo se hayan declarado 37 áreas naturales protegidas costeras, con distintas categorías de manejo. Es importante destacar también que a lo largo de dicha costa los humedales identificados como más importantes son 37 (Canevari et al., 1998). Todas estas áreas son escenarios de valiosa biodiversidad, con una gran riqueza paisajística, histórico-cultural, y arqueológica.
Esta realidad nos muestra que, por un lado el litoral marítimo argentino posee un corredor costero de una enorme riqueza faunística con áreas de altísimo valor ecológico, social, cultural y económico. Por el otro lado casi la totalidad del territorio y del sector marino de dicha costa están sujetos a explotación y/o exploración petrolera, transporte de hidrocarburos y terminales de carga.
Esto plantea una clara situación de conflictos ecológico - distributivos a escala territorial, que requieren de una urgente planificación atendiendo a los distintos intereses, elaborando estrategias que aseguren la continuidad de la viabilidad de los ambientes, contemplando alternativas que integren la necesidad del hombre con la capacidad que tiene la naturaleza para satisfacerlos.
La contaminación por hidrocarburos puede afectar a ecosistemas de gran importancia y a los bienes y servicios que ellos brindan, por lo que dicho perjuicio se trasladará a las actividades sociales, culturales y económicas asociadas.
Si se quieren conservar las riquezas ecológicas del ambiente marino - costero de Argentina es imprescindible invertir más y en forma sostenida en prevención y en conservación. En tal sentido es crucial contar con Planes de Contingencias contra Derrames de Hidrocarburos eficientes para prevenir y minimizar al máximo los impactos negativos al ambiente, los cuales deben ajustarse al cumplimiento de la Ordenanza 8/98 de la Prefectura Naval Argentina en sus anexos 17 y 20. Los Planes de Contingencia deberían incluirse como una variable más en los Estudios de Evaluación de Impacto Ambiental, analizando dichos planes cuando se realiza el estudio de factibilidad de un proyecto, y no cuando el mismo ya se encuentra en funcionamiento, o lo que es más grave varios años después.
La actividad petrolera es potencialmente riesgosa, por lo que se deben aumentar los esfuerzos en prevenir todo tipo de contaminación (mejoras tecnológicas, inspecciones periódicas y mantenimiento de oleoductos, sistemas de seguridad en tiempo real, etc.), logrando un balance costo-beneficio favorable. La prevención es comparativamente poco costosa, brinda mayor seguridad a la actividad, y aumenta la eficacia en la protección ambiental.
Aumentando la prevención en la actividad petrolera, aumentamos la conservación de los ambientes marinos y costeros. Estos son aspectos fundamentales para lograr un plan de manejo eficiente de una especie o zona determinada.
Las áreas protegidas del litoral marítimo argentino abarcan en su mayoría sectores terrestres, sin incluir sector marino adyacente. Esto explica en parte que solo el 1,5 % de la superficie marítima de jurisdicción nacional está bajo alguna categoría de protección. Es fundamental revertir esta realidad adjudicándole algún grado de protección a sectores marinos relevantes, permitiendo así delinear una eficiente estrategia de conservación para dichas áreas, sus procesos ecológicos y para las especies que allí habitan.
Para lograr un manejo racional y eficiente de todas estas áreas protegidas es crucial la urgente elaboración de Planes de Manejo, con el presupuesto adecuado que asegure el equipamiento y los recursos humanos necesarios y suficientes para la aplicación real de dichos Planes.
Cuando el estado declara a una especie o área como protegida está haciendo una valoración positiva de la misma, es decir las consideran lo suficientemente valiosas como para necesitar conservarlas. Es fundamental entonces, tomar la decisión política de dotar al sistema de áreas protegidas de la eficiencia necesaria para que el cumplimiento de sus objetivos no sea un postulado de un papel sino una realidad.
Sobre el Mar Argentino Campagna et al. plantea que: (…)”requiere un abordaje integrado bajo el principio de precaución. Este paradigma no es una alternativa, sino la única forma de garantizar la satisfacción a perpetuidad de necesidades, deseos y aspiraciones de las comunidades humanas, dependan o no del mar y sus recursos para su sustento” (…)
En tal sentido es fundamental considerar:
- Desarrollar estudios sobre valoración socio-económica de los ecosistemas costeros y sus recursos.
- Asignarle mayor importancia a los indicadores biofísicos que a los indicadores crematísticos a la hora de tomar decisiones.
- Implementar un plan integrado de manejo de recursos, prevención y mitigación de impactos por derrames de hidrocarburos, con objetivos a largo plazo.
- Aumentar el financiamiento en investigación, áreas protegidas, administración y control, para fortalecer la capacidad de gestión integrada de los recursos.
- Destinar los ingresos de las regalías por petróleo y gas, en parte, a la conservación de los ambientes susceptibles al impacto de dicha actividad, y sobre todo a compensar a las zonas en las que se extrae este recurso no renovable, creando fuentes laborales alternativas, promoviendo el desarrollo socio-económico sustentable sobre recursos renovables, y no esperar a que el petróleo y el gas se agoten para abordar esta problemática.
El claro conflicto de intereses planteado demandan una planificación integral del manejo de los recursos donde no rijan solamente criterios de rentabilidad financiera en la evaluación de proyectos y actividades antrópicas existentes, sino criterios económico-sociales-ambientales que permitan mantener los procesos ecológicos que directa o indirectamente ayudan a producir bienes y servicios valiosos, aumentando la inversión en prevención, la inversión directa en conservación, y en el desarrollo sustentable local y regional.

