Plan de Contingencias

Plan de Contingencias

Si bien mayoría de los derrames de hidrocarburos son de poca magnitud y pueden contrarrestarse localmente, muchos incidentes sobrepasa la capacidad de reacción local o afecta un área mayor, por lo que se necesitará de un accionar de mayor magnitud. Dichos planes locales pueden formar parte de un plan para una región mayor o un plan nacional. A su vez estos planes nacionales pueden estar integrados a acuerdos para el accionar regional entre dos o más países vecinos.
Si bien el tamaño y contenido de los planes varía con las dimensiones del área cubierta y el grado de riesgo, generalmente deben seguir un lineamiento similar ya sean locales, nacionales o regionales. Estos lineamientos homogéneos permitirán que los planes sean compatibles y fáciles de captar, asegurando una transición adecuada de un nivel al próximo.

Los planes de contingencia pueden ser divididos en dos partes principales:

  1. Estrategia.
  2. Plan operacional.

1) La estrategia define la política, responsabilidades y razón fundamental del plan operacional. En la introducción debe definirse la responsabilidad por el plan de contingencia y su alcance. Asimismo se debe identificar la autoridad o institución principal responsable de la elaboración e implementación del plan. Se debe definir también el área geográfica cubierta por el plan y si hay otros planes relacionados.
Más adelante debería haber una sección que abarque la frecuencia y tamaño de los derrames y el tipo de hidrocarburos involucrados, siendo de gran utilidad los registros históricos de derrames para el área cubierta por el plan. De no poseer dichos registros es posible comparar con otras localidades similares donde si las hay tomando en cuenta las diferentes condiciones y variaciones.
De esta manera se pueden desarrollar una serie de posibles escenarios de derrames analizando las actividades relacionadas con el hidrocarburo, tipos de hidrocarburos manejados y/o transportados en el área.
Otro aspecto fundamental es el estudio del destino probable de las manchas de petróleo vinculado con los tipos de hidrocarburos con mayor probabilidad de ser derramados y las condiciones hidrometeorológicas con sus variaciones estacionales. En tal sentido se debería anexar el plan operacional detalles de las propiedades físicas de dichos hidrocarburos, principalmente la gravedad específica, viscosidad, punto de fluidez y características de destilación.
El movimiento de la mancha de hidrocarburo puede ser pronosticado conociendo las condiciones hidrometeorológica, por lo que identificando la fuente potencial de un derrame de podrá calcular el movimiento probable del petróleo y los probables tiempos involucrados. Se deben incluir referencia a modelos computarizados para predecir el rumbo de un derrame.
Deben identificarse las áreas recreacionales, áreas ecológicamente susceptibles, tomas de agua de mar para industrias, pesquerías, acuacultivos, aves marinas, mamíferos marinos y otros recursos con altas probabilidades de ser amenazados en caso de un derrame, anexando información detallada de cada recurso y su ubicación. En general esta información se integra en un mapa indicando ubicación de los recursos susceptibles y las prioridades de protección. Dicho mapa no debe limitarse a recursos biológicos sino incluir recursos industriales, recreacionales, etc.
Debe determinarse la estrategia de limpieza, conociendo las limitaciones de las técnicas de control de derrames y seleccionar el equipo más adecuado para las diferentes condiciones climáticas y tipos de hidrocarburo. Deben identificarse los distintos tipos de costa, su sensibilidad y accesibilidad y considerarse las estrategias de limpieza más adecuadas para cada una.
Deben estimarse la fuerza hombre requerida para el despliegue del equipo y para realizar las tareas de limpieza. Asimismo de debe definir los depósitos de almacenamiento y rutas de transporte.

La responsabilidad del control de un derrame de hidrocarburo en el mar corresponde generalmente a un organismo gubernamental encargado de asuntos marítimos.  Sin embargo la responsabilidad de lo que ocurre en las costas no es tan clara y muchas veces tiende a ser causa de confusión, por esto es necesario que las responsabilidades queden claramente definidas.
Lo más conveniente es que la responsabilidad de la organización de todas las operaciones dependa de un solo organismo.  Si esto no fuese posible, entonces resulta fundamental que se establezcan los procedimientos para la coordinación de los distintos grupos intervinientes. 
El área cubierta por el plan, la gravedad de la situación y la susceptibilidad de los recursos amenazados determinarán el tamaño de la organización.
Es esencial disponer de un centro de comunicaciones equipado con los elementos necesarios para asegurar que la información llegue a las personas adecuadas en tiempo y forma, y para permitir el trabajo coordinado entre la costa, el mar y el aire de ser necesario.
El apoyo logístico necesario para las operaciones de limpieza (alimento, ropa, alojamiento, servicio médico, etc.) debe ser previsto con anticipación; al igual que la posibilidad de disponer equipo y material adicional, y transporte (muchas veces se requiere traer equipo y personal al país, que deben pasar por aduana e inmigraciones generando demoras).  Para ello es necesaria una buena planificación de los procedimientos necesarios para conseguir todos estos recursos en tiempo y forma.
También es imprescindible la documentación de las acciones  el registro preciso del uso de la mano de obra, equipos, materiales y gastos.  Es aconsejable preparar hojas de registro previamente y anexarlas al plan operacional.
En el plan deben incluirse organizaciones de contacto, que pueden no estar involucradas directamente en las operaciones de respuesta frente a un derrame, pero con intereses en ciertos aspectos del derrame o cuya participación puede ser de importancia.  La formación de un comité que mantenga informadas a todas las partes sobre el plan de contingencia y para consultas durante el derrame puede resultar de mucha utilidad.  Asimismo deberá tenerse en cuenta la necesidad de mantener informados a los medios de comunicación acerca de la situación.

Se deben definir también los procedimientos para el adiestramiento y prácticas para la actualización del plan. Es fundamental desarrollar programas de adiestramiento a todos los niveles. Estas prácticas periódicas asegurarán actualizaciones adecuadas, la capacitación de todo el personal que eventualmente esté involucrado ante un derrame y la puesta apunto de la disponibilidad y funcionamiento de los equipos.

Diagrama de notificación, operaciones y apoyo de un plan de contingencia

2) El plan operacional debe describir los procedimientos recomendados para la reacción ante un derrame de hidrocarburos con la información esencial incluida como anexos. Dicho plan operacional es básicamente un listado de acciones que conforman el procedimiento para la reacción ante el derrame:

  • Notificación
  • Evaluación
  • Decisión de reacción
  • Movilización
  • Reacción
  • Evaluación del progreso
  • Finalización
  • Revisión del Plan

En síntesis son aspectos esenciales para el éxito de todo plan de contingencias:

  • Clara delimitación de responsabilidades de las instituciones que intervienen en él.
  • Contar con los recursos materiales adecuados a las características ambientales de esta zona (barreras de contención oceánica, embarcaciones lo suficientemente potentes, etc.).
  • Que estos recursos materiales sean suficientes, para dar una respuesta apropiada al problema.
  • Contar con recursos humanos (multidisciplinarios) idóneos para la tarea que se les designe.
  • Entrenamiento periódico y simulacros constantes de distintas situaciones.
  • Estudios periódicos del posible comportamiento de una mancha de petróleo derramada desde las plataformas ¨costa afuera¨, buques e instalaciones costeras.

Por otro lado, se deben promover estudios de investigación que permitan aumentar el conocimiento sobre los ecosistemas costero – marinos, su flora y fauna. La ignorancia es un problema en sí mismo de conservación, por lo que si queremos preservar con eficiencia nuestros recursos,  primero debemos conocerlos. Es necesario que estos estudios sean constantes y contemplen los impactos negativos que las actividades humanas ejercen sobre dichos recursos.